Red velvet: una versión fácil y orgánica

Red velvet

Como podéis ver en mis tartas, mi especialidad NO es la decoración…. Pero en lo que toca a sabores, llevo un buen puntaje. Muchas veces mis comensales se sorprenden de que las tartas y postres puedan tener tan buen sabor y consistencia pese a no contener, ya saben…. todos los ingredientes tradicionales de origen animal. Que en realidad son más un mito que otra cosa.

Esta tarta se destaca por su color rojizo, lo cual la hace especialmente llamativa. De allí su nombre, que significa «terciopelo rojo». Seguramente habrás visto algunas versiones más rojas (muy rojas, absolutamente rojas), pero eso significa que tiene una alta concentración de colorante. Por cierto, para obtener el rojo de la foto ya le he agregado una buena cantidad, así que, por mi parte, lo considero suficiente.

Con el tiempo he desarrollado una especie de alarma sensorial, que me produce un poco de desconfianza cuando veo ciertas comidas o preparaciones con unos colores demasiado llamativos. No me voy a poner a analizar la cantidad de productos químicos que contienen, pero es evidente que en muchos casos ello significa que hay una presencia muy marcada de productos artificiales. Si bien es muy importante el aspecto de lo que presentamos en la mesa, podría decir que en este caso me sumo al eslogan de «menos es más».

Red velvet

Otro aspecto muy característico de la red velvet es su sabor especial, producido por la presencia ácida del buttermilk, más el cacao que contiene. El buttermilk o suero de mantequilla es un ingrediente muy común en las preparaciones de repostería de países anglosajones y no siempre está disponible en nuestra despensa. Si a ello le sumamos que no es de origen vegetal, tendremos que sustituirlo. Pero eso es muy fácil, como en la mayoría de los casos.

Basta con mezclar leche con zumo de limón, a razón de 250 ml. de leche y 20 ml. de zumo de limón aproximadamente. Esta mezcla, agitada con una cuchara o unas varillas ligeramente, se deja a temperatura ambiente unos 10-15 minutos y veremos que ha cambiado su aspecto, es como una leche cortada y con un aporte ácido pronunciado.

Si bien en la cocina tradicional se presenta con una cobertura muy blanca, que hace contraste con el rojo del bizcocho, ofrece la posibilidad de utilizar diferentes opciones. En el caso de la foto de portada, me decanté por una sencilla, preparada a base de anacardos y nueces. En otras fotos, además, la he chorreado (literalmente!!) con chocolate y le he agregado frutos rojos. Os paso un link donde encontraréis la cobertura tradicional de queso crema, que combina a las mil maravillas con esta tarta. Click aquí!

Ingredientes

  • 1 taza y media de harina.
  • 3/4 taza de azúcar.
  • 1 cucharada sopera de cacao.
  • 1 cucharada sopera de polvo para hornear.
  • 1 pizca de sal.
  • 1 taza de leche ácida*.
  • 1/2 taza de aceite.
  • 1 cucharada (de las de té) de extracto de vainilla.
  • 1 cucharada de colorante vegetal color rojo.

Preparación

  • Encender el horno a 180 grados para que vaya calentando.
  • En un bol, colocar el azúcar, harina, cacao, polvo de hornear y sal.
  • Mezclar estos componentes.
  • Añadir al mismo bol la leche ácida, el aceite y extracto de vainilla. Mezclar.
  • Añadir el colorante y mezclar hasta eliminar los grumos y unificar el color.
  • Colocar la mezcla en un molde pequeño (18-20 cm de diámetro).
  • Colocar en el horno y dejarlo durante unos 35/40 minutos.
  • Cuando ya hemos comprobado que está hecha, retirar del horno y dejar reposar unos 10 minutos.
  • Pasado ese tiempo, colocar sobre una rejilla hasta que se enfríe completamente.

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