Mucha gente no se atreve a cambiar a una alimentación basada en plantas porque considera que es un cambio muy grande de paradigma y de costumbres a la hora de preparar la comida. Y la verdad es que sí, lo es. Pero es un desafío que podemos abrazar y que, de forma matemática, sin lugar a dudas, nos traerá sólo beneficios.
Parece un cambio difícil, muy complicado, pero es simplemente otro sistema. Cuando te adaptas y organizas tu menú semanal todo es fácil. Lo que sí hay que reconocer es que si queremos llevar una dieta sana tenemos que dejar de comprar comida preparada y por consiguiente cocinaremos más. Pero cuando uno se acostumbra a esta comida, la comida tradicional resulta muy pesada y grasosa.
Hay que atreverse, modificar la lista de la compra, incluyendo algunos productos nuevos y otros que ya comprábamos, pero en menor cantidad. Sin necesidad de ponernos a hacer nuevas recetas todos los días, con algunos consejos básicos ya tenemos herramientas para crear numerosas comidas realmente sabrosas.

Aquí van algunos, originados en mi experiencia personal, para facilitar la adopción de esta nueva experiencia y hacerla parte de nuestro día a día:
- Es una buena decisión proveernos de algunos instrumentos que nos facilitarán muchísimo la faena y multiplicarán las posibilidades. Los básicos son un molinillo (triturador) eléctrico y una licuadora potente, porque se utilizan muchísimo en una dieta vegana (batidos, purés, comidas en base a semillas o cereales triturados). Otro artefacto que viene muy bien es una plancha eléctrica, ya que las verduras a la plancha pasarán a ser una delicia que consumamos muy a menudo, ya sea como parrillada de verduras, champiñones a la plancha, o para hacernos una brascada (bocadillo) de verduras.
- Ya que nos proveen la mayor parte de proteínas necesarias, es importante tener en la despensa cantidades de legumbres de todo tipo. Cocidas y secas (crudas). Yo compro las legumbres cocidas (especialmente en verano), en frasco, y lo que sí hago es, antes de utilizarlas, enjuagarlas bien ya que normalmente vienen con mucha sal. Hay algunas variedades que no se consiguen cocidas, por lo tanto, previo remojado la noche anterior, cocino una gran cantidad cada vez, y luego las coloco en porciones en bolsitas que llevo al congelador, y así las tengo a mano para cuando se me ocurra usarlas.
- Hay patés y salsas muy versátiles, para usar en diferentes ocasiones (por ej. Tomate rallado, guacamole, pisto, hummus, quedan geniales sobre una tostada, cubiertos con semillas, por ejemplo, de sésamo, como desayuno). Una salsa que ha marcado para mí un antes y un después es la sriracha, de pimientos rojos. Es picante, lo adelanto, así que si os gusta este sabor, no podéis dejar de probarla.
- Trata de no comprar demasiados aderezos para ensaladas. Tienen demasiados químicos, conservantes, colorantes, y son realmente fáciles de hacer, limítate sólo a aquellos más irresistibles.
Te paso aquí mis 3 preferidos:
1. Zumo de limón, vinagre de manzana, sirope de ágave (muy poquito, sólo para darle un toque dulce), y una cucharada generosa de tahine (pasta de sésamo). Puede agregársele un poquito de agua.
2. Semillas de girasol (remojadas un rato antes), ajo, tahine, limón y azúcar. Todo al vaso de tu licuadora.
3. Yogur natural de soja con sal hierbas y zumo de limón.
Como puedes ver, no necesitan aceite.
- Cuando preparo hamburguesas, o falafel, o hiervo arroz o quinoa para hacer un plato, pongo más de lo que necesito (en el caso de hamburguesas o falafel, hago doble o triple receta) y así congelo lo que no utilizo.
- Una buena idea para reemplazar las bebidas industriales es poner en una jarra con agua unas rodajas de limón y unas ramitas de menta, o unas rodajas de jengibre). Tienen un sabor sutil pero muy agradable y son muy refrescantes.
- Otra buena idea es conservar en el congelador los restos de los vegetales que no utilizo (restos de pimientos, cascaras de zanahorias, boniato, trozos de berenjena, puntas de judías, etc) y cuando es necesario, hacer con ellos caldo casero de verduras (el caldo de los supermercados a veces nos sacan de apuro pero esta es una muy buena opción para tener en cuenta, porque está siempre disponible. Es sólo sacar la bolsita del freezer, agregar agua y llevar al fuego).

- Hay varias cosas que suelo comprar en el súper. Porque, seamos realistas, vivimos luchando contra el tiempo y muchas veces no llegamos. Estas pueden ser veganesa, guacamole, sriracha , tofu, seitán, quesos veganos. Al queso lo compro sólo para pastas y pizza, trato de no abusar de ellos. Aunque no están hechos con productos animales tienen mucha materia grasa.
- En un documental sobre alimentación vi una escena donde el profesor de un taller sobre alimentación saludable decía que debemos mirar las etiquetas de los productos que compramos. Si éstos tienen más de 5 componentes, pensárnoslo dos veces antes de comprarlo. Sé que es difícil, pero en principio es bueno tenerlo presente.
- Si os gusta cocinar, es un desafío para probar cosas nuevas. Compartir la preparación de la comida con vuestra pareja puede ser una buena experiencia.
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