
Hoy toca compartir la receta de mi mozzarella vegetal. Me encanta porque es sencilla, cremosa y, además, tiene un pequeño truco que me ahorra tiempo: en lugar de remojar los anacardos, los hiervo unos minutos antes de empezar.
Y es que, sinceramente, el tema del remojado previo de legumbres y frutos secos siempre fue un pequeño escollo para mí. Muchas veces me asalta una súbita inspiración culinaria —esa idea que aparece sin previo aviso— y si tengo que esperar hasta el día siguiente para remojar, se me pasa la emoción. Así que esta versión resuelve ese problema de un plumazo.
También quiero compartir algo sobre los ingredientes “especiales” que suelen aparecer en nuestras cocinas cuando activamos el modo vegan on. En esta receta hay dos protagonistas nuevos: la tapioca y la levadura nutricional. La primera aporta esa elasticidad típica de la mozzarella fundente, y la segunda le da ese sabor cheesy tan característico que la hace irresistible.
Hoy en día no son nada difíciles de conseguir, y aunque puedan parecer un pequeño gasto extra, cunden muchísimo. Además, se conservan bien, por lo que merece la pena comprarlas en cantidad y tenerlas siempre a mano.
Y eso es todo: una receta sin complicaciones, sin misterios y con un resultado que sorprende siempre.
Es muy simple. Tiene una relación simplicidad-resultado muy eficaz. Ahí va:
Ingredientes:
- 1 taza de anacardos naturales crudos.
- 1 taza de agua.
- 4 cucharadas soperas de tapioca.
- 1 cucharada y media de levadura nutricional.
- 2 cucharadas soperas de vinagre de manzanas.
- 1 cucharada de té de sal.
- 1/4 cucharada de té de ajo en polvo.
Preparación:
- Lo primero que tenéis que hacer es hervir los anacardos en agua durante unos 15 minutos.
- Escurrirlos y enjuagarlos bien y colocar en tu procesador, licuadora o molinillo eléctrico.
- Agregar el resto de los ingredientes y procesar hasta que esté todo bien integrado.
- Colocar en una cacerolita y llevar a fuego medio y remover constantemente, hasta que la mezcla se vuelva espesa y elástica.
- Apagar el fuego y seguir removiendo durante un minuto para que nose pegue en el fondo y mantener la consistencia cremosa.
- Trasladar la mezcla a un recipiente (yo uso un táper de cristal, al que previamente le aceité las paredes para que el queso no se pegue). Dejar enfriar y colocar en la nevera.
Cuando ya está bien fría y ha tenido tiempo suficiente para asentarse, adquiere una consistencia que permite desmoldarla y hasta cortarla en lonchas gruesas. Yo, particularmente, no acostumbro a tomarme tanto trabajo, sino que la cojo con una cuchara y la distribuyo sobre una tostada, pizza o donde se me ocurra, en este caso, las quesadillas del post anterior!
La podéis conservar una semana en el refrigerador, y la verdad, no sé deciros si es posible congelarla, pero normalmente se acaba muy rápido!!!!
Un abrazo y hasta la próxima!
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