
Aunque tiene un particular sabor picante y es un excelente aromatizante, el jengibre es más que un condimento, ya que sus propiedades medicinales han sido ampliamente apreciadas y utilizadas a lo largo de la historia.
Quién no se ha preparado un té de jengibre cuando siente que está siendo presa de un resfriado? Otras de las virtudes más conocidas de este fabuloso rizoma son la capacidad de combatir las náuseas, o el dolor muscular, o menstrual, o el dolor de cabeza!
- Estimula la digestión. Ha demostrado ser beneficiosa para agilizar esas digestiones que parecen un verdadero atasco de comida. También calma esos accesos de reflujo o ardor estomacal tan desagradables.
- Disminuye la presión sanguínea. La hipertensión (tensión elevada) es un resultado muy común de la dieta estándar rica en alimentos ultraprocesados. Es común que, en estos casos, los médicos prescriban medicación para mantener a raya sus niveles. Pero podemos ayudar un poco a este proceso de una manera natural. Además de contener una elevada proporción de potasio, el jengibre actúa como vasodilatador. Esto quiere decir que expande las paredes de nuestros vasos sanguíneos, permitiendo un aumento en la circulación y a la vez el alivio de la presión, moviéndose la sangre más fácilmente por todo nuestro cuerpo.
- Reduce la inflamación. Ésta ocurre naturalmente, aún en personas sanas. Es producto de lesiones o enfermedades. De esta manera nuestro cuerpo se protege y promueve su curación. Por otro lado, la inflamación crónica está relacionada con un incremento del riesgo de padecer enfermedades como diabetes, cardiopatías y obesidad. En realidad también está relacionada con el tipo de alimentos que tomamos. Podemos resumir que ultraprocesados, azúcares y productos de origen animal promueven la inflamación, pero no entraremos en esta discusión porque nos iríamos del tema…
- Es antibacteriano. Viene muy bien, por ejemplo, para prevenir y superar la periodontitis (inflamación de las encías provocada por la presencia de bacterias).
- Regula la cantidad de azúcar en sangre, ayudando al cuerpo a autorregular estos niveles.

Pero no siempre sabemos cómo incluir este ingrediente en nuestra comida. No os ha pasado que compraís una bandeja en el súper, y pasado un tiempo termináis tirándola a la basura porque se ha muerto de asco en la nevera?
Pues bien. En la comida vegana normalmente incluimos variados platos de origen asiático, y en la mayoría de ellos se incluye el jengibre. Pero, además, podemos preparar bebidas y dulces con el mismo, y su presencia, os aseguro, no pasará desapercibida.
- Fresco: esta es la presentación más potente del jengibre, y además la más versátil. Podemos cortarlo en rodajitas y colocarlas en agua caliente para hacernos un té, o agregarlas a nuestro té favorito. O picarla y agregarla en salteados. También smoothies y batidos. Comerlo directamente, disecado o en zumo. O directamente ponernos un trocito en la boca y disfrutar de su sabor.
- Molido: se utiliza de la misma manera que el fresco. Es también genial para agregar a tartas y bizcochos.
- Encurtido: muy común en la gastronomía asiática. Con un sabor más suave qu el fresco.
- Múltiples presentaciones, más industriales: píldoras, chicles, aceite.
Sabiendo todos los beneficios que este rizoma puede ofrecernos, y las variadas maneras que existen de tomarlo, está clarísimo que es un ingrediente que queremos en nuestra dieta.
Para terminar, os comparto una idea que aplico todos los días:
Una manera súper efectiva de no olvidarnos del jengibre es espolvorear un rodaja de pan, o tostada, o también nuestro bote de avena o cereales con una cucharadita de este ingrediente molido. Le dará un sabor especial y nos regalará así todos sus beneficios.